Las cosas van tomando forma solas.

Las cosas van tomando forma

Por Silvina Halkett

Hay una frase que me encuentro diciendo cada vez más seguido:

“Las cosas van tomando forma solas.”

No porque crea que la vida sucede sin participación de nuestra parte, sino porque cada vez observo con más claridad que algunas de las cosas más importantes de mi vida no nacieron de un plan, sino de una escucha.

A través del camino y de las noches oscuras del alma que atravesé desde temprana edad, hubo un momento en que me olvidé de algo que siempre estuvo en mí: una voz intuitiva profunda que sabía ver el camino. No era una voz que me dijera qué hacer. Era más bien una forma de saber antes de entender.

Las necesidades y las urgencias me volvieron resolutiva, pragmática y, poco a poco, fui entrando en un modo automático de vivir. Hoy podría describirlo como un vivir medio muerto, porque lo esencial había quedado olvidado.

Sin embargo, con el tiempo comprendí que incluso esa etapa aparentemente poco fértil formaba parte del camino. Cada vez me interesa más habitar preguntas que respuestas cerradas.

Una de las comprensiones más importantes de este último tiempo es que el camino se revela mientras lo caminamos. Y creo que, en mi vida, caminar fue lo que me salvó. Porque siempre seguí avanzando: con certezas o incertidumbres, más dormida o más despierta.

También comprendí que aquellos movimientos más automáticos, incluso los más neuróticos, si son observados con conciencia, pueden conducirnos hacia verdades profundas. Como suelo compartir con quienes acompaño, lo verdadero en cada uno es aquello que está siendo en cada momento.

La diferencia está en permanecer ciegos frente a eso o cultivar la capacidad de observarlo. Seguir ese movimiento. Mirarlo de frente.

Muchas veces creemos que estamos atravesando algo terrible. Sin embargo, con el tiempo descubrimos que era exactamente lo que necesitábamos para nuestra evolución.

Y hay algo por lo que me siento profundamente agradecida: cada vez que, sin darme cuenta, dejaba de escuchar mi llamado, siempre aparecía algo que me lo recordaba. Siempre sentí que había una guía. Y en este último tiempo, más que descubrirlo, lo recordé.

Mirando hacia atrás, siento que muchas de las cosas que hoy forman parte de mi vida llegaron primero como experiencia y mucho después como comprensión.

La vida es dialéctica. Va y viene, y en ese movimiento hay encuentro.

Intuyo que las cosas se ordenan con una inteligencia mayor de la que la mente ordinaria puede comprender. Y, al mismo tiempo, creo fundamental bajarlo a tierra.


Silvina Halkett.

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